La eficiencia de una caldera no es un dato decorativo de la ficha técnica. Define qué porcentaje de la energía que pagas termina convertido en vapor útil para tu proceso, y qué porcentaje se escapa por la chimenea, las purgas o las pérdidas por radiación. En la mayoría de instalaciones industriales españolas todavía operan calderas de combustión funcionando entre el 75 % y el 85 %.
Los generadores eléctricos modernos, como los de Giconmes, alcanzan el 99 %. La diferencia, traducida a kWh y a euros, es significativa, y desde 2023 puede además monetizarse a través del Sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE).
Cómo se calcula la eficiencia de una caldera
Empecemos por entender cómo se calcula la eficiencia de una caldera. La eficiencia (η) es el cociente entre el calor absorbido por el agua —el que realmente se incorpora al vapor— y el calor total aportado al sistema:
η = (Calor absorbido por el agua / Calor aportado al sistema) × 100

El calor absorbido depende de cuánta agua se evapora y de la diferencia de entalpía entre el agua de alimentación y el vapor producido:
Q_absorbido = m × (h₂ − h₁)
donde m es la masa de vapor generado (kg), h₁ la entalpía del agua de alimentación (kcal/kg) y h₂ la del vapor (kcal/kg).
El calor aportado depende del combustible consumido y de su poder calorífico, en el caso de una caldera de combustión:
Q_aportado = m_f × PCS
donde m_f es la masa de combustible y PCS su poder calorífico superior (kcal/kg). En una caldera eléctrica, el calor aportado es simplemente la energía eléctrica consumida.
Ejemplo numérico: 1.000 kg/h de vapor a 10 bar
Tomemos un proceso industrial típico que demanda 1.000 kg/h de vapor saturado a 10 bar, partiendo de agua de alimentación a 20 °C:
m = 1.000 kg/h
h₂ ≈ 663 kcal/kg (vapor saturado a 10 bar)
h₁ ≈ 20 kcal/kg (agua a 20 °C)
Q_absorbido = 1.000 × (663 − 20) = 643.000 kcal/h ≈ 748 kWh/h
Esa es la energía neta que tiene que quedar incorporada al vapor. La energía que el equipo necesita consumir será siempre superior; cuánto más, depende exclusivamente de la eficiencia del equipo.
Gas vs eléctrico: dónde está la diferencia
Las calderas de combustión (gas natural, gasóleo, GLP) operan, en el mejor de los casos, con eficiencias del 80–85 %. Las pérdidas se reparten entre:
- Pérdidas por humos en la chimenea (los gases salen a temperatura elevada).
- Pérdidas por radiación y convección en el cuerpo de la caldera.
- Pérdidas por purgas de fondo y de superficie.
- Pérdidas asociadas a combustión incompleta o exceso de aire.
Las calderas eléctricas alcanzan eficiencias del 99 %. No hay combustión, no hay humos, no hay chimenea. Prácticamente toda la energía eléctrica introducida se transforma directamente en calor cedido al agua. Las únicas pérdidas relevantes son las radiativas del cuerpo del equipo (~1 %).

Aplicando ambos rendimientos al ejemplo anterior:
| Equipo | Eficiencia | Energía aportada para 1.000 kg/h de vapor |
|---|---|---|
| Caldera de gas natural | 85 % | 643.000 / 0,85 = 756.500 kcal/h ≈ 880 kWh/h |
| Generador eléctrico Giconmes | 99 % | 643.000 / 0,99 = 649.500 kcal/h ≈ 755 kWh/h |
Para producir exactamente el mismo vapor, la caldera eléctrica necesita ≈125 kWh menos por cada hora de operación. En una instalación industrial que trabaja 8.000 horas al año, eso son 1.000 MWh de energía final ahorrada anualmente.
Cómo monetizar el ahorro: el sistema CAE
Desde el Real Decreto 36/2023, actualizado por la Orden TED/133/2026, España dispone del Sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE). Es el mecanismo con el que el Estado traslada al mercado las obligaciones nacionales de eficiencia energética derivadas de la Directiva (UE) 2018/2002.
El funcionamiento es directo:
1 CAE = 1 kWh de energía final ahorrada, certificada y verificada como adicional.
Los sujetos obligados —comercializadoras de electricidad, gas y carburantes— deben acreditar un volumen anual de ahorro energético, bien aportándolo al Fondo Nacional de Eficiencia Energética (FNEE), bien comprando CAE generados por terceros.
Cualquier empresa que ejecute una actuación de eficiencia energética puede generar CAE y venderlos a un sujeto obligado o a un sujeto delegado que actúe de intermediario.
La sustitución de una caldera de combustión por un generador eléctrico encaja dentro de las actuaciones contempladas por el sistema. En el caso de equipos industriales específicos, suele tramitarse como actuación singular, lo que implica un plan de medición y verificación (M&V) conforme al protocolo IPMVP y la intervención de un verificador acreditado por ENAC.
A título orientativo, con los precios CAE observados durante 2025–2026 (rango aproximado de 50–80 €/MWh, según el canal de venta), los 1.000 MWh anuales del ejemplo podrían convertirse en 50.000–80.000 € en ingresos por venta de certificados. Y ese ingreso se suma al ahorro directo en factura energética y a la reducción de emisiones de CO₂ asociada a la electrificación del proceso.
Conclusiones
El salto de eficiencia del 85 % al 99 % no es un detalle técnico, sino una ventaja competitiva cuantificable que paga el equipo varias veces a lo largo de su vida útil:
- Menos energía consumida para producir el mismo vapor.
- Ahorro directo en factura energética, especialmente relevante en un contexto de electricidad cada vez más renovable y de gas con precios volátiles.
- Ingresos adicionales por la venta de CAE en el mercado regulado español.
- Reducción de emisiones y mejor encaje en los planes de descarbonización de la empresa.
En Giconmes diseñamos y fabricamos generadores eléctricos de vapor y agua sobrecalentada para procesos industriales, desde unidades compactas hasta equipos modulares de gran potencia. Si está evaluando la sustitución de una caldera de combustión o el dimensionado de un nuevo equipo, podemos ayudarle a calcular el ahorro previsto y a estructurar el proyecto para que sea elegible dentro del sistema CAE.